No. No he olvidado nada, ni fechas, ni citas, ni besos, ni miradas. No he olvidado aún la sensación de nuestro primitivo encuentro, menos aún, aquellos detalles que aún iluminan desde tan lejos, mi universo.
No. Nada he olvidado. Tampoco es que quiera esconderme o hacer como que mi corazón lo ha defraudado. Nada de eso ha sido y dudo que en un futuro podría ser. Sólo ha sido que he castigado a mi mente, he golpeado mis dedos y he mantenido a mi constreñido corazón, con sed. Y mi piel también se ha sentido sedienta como mis labios, pues qué podría acá yo decir. Si ni para confesarme hoy sirven, el silencio se apodera de ellos, y ciertamente es muy cómodo dejarse de meter ruido, quedarse en reserva y jugar a ser prudente, cosa que difícilmente en esta vida he podido alguna vez ser.
No. Y no me olvidé de él. No pude olvidarlo antes, cómo podría, entonces, olvidarme de él esta vez? Ya es un imposible, que ni con alquimia podría lograr cambiar lo que guardo y sufro de y por él. Él, con su cabello cano, sus labios amoratados, sus ojos fatigados y sus suaves pies. Él, con sus manos heladas, su lengua amarga y ese corazón que a veces no palpita, porque su sangre se espesó y olvidó que entre nosotros brotaba miel.
No. Lo prometo, o lo juro si es que así más serio parece ser. Quien seas, o en quien te hayas convertido, tú, el oyente y lector de mis secretos, ve y dile que lo quiero, y es por eso que mi lucha continúa, golpeándome a diario, continuo y sin reparo, para mantenerme hecha bolita, pequeña y olvidada en esta esquina, a la espera de que se voltee y me pueda volver a ver. Que baje desde lo alto, justo en donde se codea con los egos, donde sus alas se liberaron y luego enyugó para lejos de mí quedar. Desde allí, que se acerque sin miedos, que yo no podría a su presencia herir ni castigar.
No. No pude olvidarme de nada. No olvidé por qué llegué, ni cómo fue que aquí me quedé. No he podido olvidar nada, a pesar de las terapias, del shock de sus desprecios, ni del cloro que tomo para blanquear mis pensamientos. No. Nada he olvidado. Ni su mirada, ni los silencios con que me hablaba. Aunque tampoco me olvidé de sus caprichos, de las palabras que a mí no me dijo, de las cosas que escondía, ni de que mis sueños se acaban con la llegada de cada nuevo día.
No. No me olvidé. De nada me olvidé.
No. No te olvidé. No pude nunca hacerlo y pareciera que nunca lo lograré.