domingo, 30 de octubre de 2022

Día 4870

En los momentos más inesperados, en aquellos en que nadie pudiere imaginarse, aparece él o su significado. Mientras veo las hojas del níspero desordenarse, el baile ondulante de las paltas contra el viento, o cuando caen las flores del manzano al perder la fuerza de su abrazo al delgado y minúsculo tallo que las sostienen. Puede ser allí o en cualquier otro instante en donde él simplemente, no está.
Así es como la melancolía vuelve y a ratos se queda. Otras veces vuelve, y en silencio se va. Debe ser parte de la condición que en mí estoy buscando. Parte de la cartilla que alguien en alguna parte debe estar llenando. Una cartilla llena de preguntas con puñados de alternativas, que suma y resta puntos, para darle nombre a alguna especie de extraña patología.
Y dejé de dormir como siempre, ahora me vuelco a la derecha como lembrando estar a su lado. Pero sólo encuentro cojines, un libro y a veces a los perros que se quedaron. No hay un perfume. No hay calor. No hay sudor ni nada que me hable de él o lo que no me dejó. Ni siquiera fuimos amigos, ni confidentes, ni nada parecido. Éramos (con cuea) dos cuerpos que a veces se encontraban para tocarse. Sin temor, sin compromisos, sin sentimientos... sin amor. Pero me gustaba, a pesar de todo, me gustaba. Porque esos ojos me miraban diferente o porque en cada silencio, de su vida secreta me hablaba. Me gustaba ser su no amiga, pero que corría cuando su voz, desde tan lejos, oía.
Hoy, a años luz, nos encontramos tan cerca, casi encima. Pero la desdicha es más grande, y nunca jamás podremos reencontrarnos, porque él se esconde, se aleja y reniega de la historia que escribimos a ciegas