Hace mucho tiempo atrás, la pequeña ardilla comenzó a contar cada uno de los días que fueron pasando desde que supo que su humano se alejaría. Ella jamás imaginó llegar a estas alturas, donde cada uno de los palitos y ramitas equivalentes a veinticuatrohorascadauno, guardados al fondo de su madriguera, formarían esta maraña que de vez en vez se sienta a ordenar. Le gusta eso a ella, dejarlos de más grande a más pequeño, intercalando sus colores de variados anaranjados, verdosos, cafés y amarillentos, unos más delicados que otros y otros tan gruesos que más parecen troncos en miniatura que llegan a su guarida para adornar. Cuando los toma con la delicadeza que la caracteriza, los mira detenidamente, como si en ellos fuera encontrando nuevos detalles cada vez, que van en favor de la belleza que cada uno de ellos posee, así es, porque en ellos, la pequeña encuentra hermosura y encanto que nadie más ha podido ver.
Así ha pasado largo tiempo, con unos días mejores que otros, y otros peores que algunos. Tiempos en que ha huido y abandonado su escondite, otros donde ha vuelto con vergüenza y gacha su cabeza, otros donde ha arrojado los palitos que con tanto cariño guarda, por un huequito de su tronco hacia abajo, y por qué no, otros donde va y recoge todo porque es lo único que tiene. Éstos son sus tesoros, su más amada fortuna, que ya por cuatromiltrescientostreintayocho días ha guardado. He aquí otro de sus desahogos, junto a la confidencia de que todo este tiempo no ha podido parar de contar cada salida del sol, sabiendo que ello significa que la Luna que tanto le recuerda a su humano, nuevamente se ha escondido, junto a la figura de él, esa que tanto le gusta, esa que ha salido desde la oscuridad para mostrarse al mundo bajo el nombre del sinnombre. La pequeña ha pasado largas noches, quizás de cuarenta o cincuenta horas, no lo sabe bien, porque su reloj se detuvo esa última noche en que lo vio, marcando con su minutero y horario el momento exacto de la sonrisa que él no le regaló, de la mano que no quiso darle, de su cuerpo que volcó para que ella no pudiera tocarlo y despertarlo como ya creía que se acostumbró. Ese momento se detuvo delante de sus ojos y todo lo sucedido después de ese día, no ha hecho más que ahondar la pena que guardó medio a medio de su mullido pecho, ese donde él se cobijó un par de veces, pero que el tiempo y la distancia ya lo borró. Pero qué le importa a ella, que no es ese ser pensante que se podría creer, ella sólo es pasión y un corazón que en cada palpitar repite el nombre y la imagen del dueño de su vida. Ciertamente, así es, así ha sido y no tengo duda alguna que seguirá siendo por largo tiempo más. Y él, ¿llegará alguna vez hasta aquí como hace tantos años lo hizo alguna vez? Recuerdo perfecto hace millones de estrellas atrás donde se rencontraron como Alguien y Nadie. Fue en esta parada, pero sin duda perdió esta dirección en alguno de sus cambios de casa, ella, sin embargo, ha seguido sirviendo la mesa y arrastrando hasta aquí las delicias de la vida para con él compartirlas. La esperanza de verse a su lado nunca han menguado, aunque los últimos hechos han trizado sus más fuertes y antiguas convicciones. Él ha mostrado su rostro, ese que a ella la embelesa y asombra, pero es para mostrarlo a alguien más y no para la pequeña. Para ella siempre fue sólo una sombra que de noche se mostraba, para ella sólo era un humano sinnombre que debía esconderse de la realidad, para ella sólo era un espejismo que divagaba lejos de su ciudad.
Así se gestó esta última declaración de auxilio a quien es el único que ella extraña en medio de la soledad de los tiemposdepandemia, tiempos de guardarse y cuidar, tiempos lejos de los amores, tiempos que se miden diferentes entre el humano y la pequeña que se encuentra acá.
Ay, ¿y si el cosmos la escuchara, o si cupido existiera y la auxiliara?, ¿podría una fecha atravesar ese corazón cansado?, o quizás, ¿podría el humano acercarse a ella y aceptar que ella sólo quiere estar a su lado?, ¿habrá alguien que le cuente que ella a más nadie quiere, que le alcanza y sobra con tenerlo cerca, con mirar sus ojos u oler el perfume que en sus ropas se impregna? No sé yo si eso pudiera existir, solo le pido al humano que si un día nos descubre, que no nos tema, que no se vaya, que no piense más, que en esta madriguera hay espacio seguro y suficiente para que él pueda a toda tormenta resistir y sobrellavar. Y si sucede que hasta acá no llega, que alguien de buen corazón le cuente que aquí hay alguien que lo espera, y que nunca nada le ha importado más que verlo sonreir y sentir su corazón en paz.