domingo, 13 de septiembre de 2026

Creo que ya olvidé cómo se sienten sus abrazos. Recuerdo cada una de las veces en que nos reencontrábamos, allí, en medio de la noche, cuando sólo bastaba vernos para unirnos de inmediato con nuestros besos, enredando nuestros brazos, tan apretados que hasta hoy parecen doler. 

Me gustaría volver a sentirlo así y no volver a olvidarlo, pero no como estas veces en que parece perseguirlo el tiempo y sin sentimiento, me gustaría sentir su pecho contra el mío, como cuando fuimos infinitos, no sólo para apresurados hacer eso que tan bien él sabe hacer.

Todo porque olvidé sus abrazos y cómo se sentía su corazón frente al mío. Olvidé como sincronizábamos nuestra respiración y cómo nos mirábamos, en cuarentaycinco, olvidé que podíamos alcanzar el palpitar del otro y que juntos podíamos seguir el compás de nuestros cuerpos una y otra vez, sin separarnos, en un aletargado abrazo que luego nos hacía dormir.

Creo que olvidé sus abrazos y tantas cosas más. Me olvidé de las olas, de la lluvia, del viento y también de mí. Olvidé salir de casa y olvidé cómo abrir mis puertas. Pero más lastima que olvidé sus abrazos, y los he buscado entre mis diarios acumulados, en mis rincones y entre mis fantasmas, los he buscado en mi silencio y en el bullicio que no se detiene, mientras yo me mantengo en pausa, bajo el mismo cielo que nos vio abrazarnos cuando teníamos que despedirnos, y no me puedo dormir si no los encuentro, porque hoy no merezco ya nada de él, y me siento perdida, perdida sin sus brazos rodeando mi melancolía, mis tristezas y este manojo de recuerdos que voy escondiendo aquí.