Conservadora mi mente, en contra de mis labios progresistas y frente a su fría figura, estatua de hielo que no enfría a mi anárquico corazón. Temerosa y confundida, difuso mi recuerdo, cobarde mi palabra, crudos mis sentimientos.
Soñarte una vez más en medio de historias que preferiría no descifrar. Verte y que me gustes, y saber que hasta de esa forma, no me quieres ya besar. Tan lejos pero rozando mi piel con tu cercanía, mis puertas siguen abiertas, ¿será que nada he aprendido durante esta eterna agonía? Pero bajo tus cientos de abrigos grises y negros, sé que algo de ti queda, que guardas con extremo celo, que proteges como si matarte yo quisiera. Más, mi vida entera te daría, no tengo escudos ni secretos, mis hojas en blanco son para que tú escribas en ellas.