sábado, 26 de agosto de 2023

Día 5169

Inventando un poco de todo y haciendo todo de a poco, pasó una nueva semana donde intercambió sus molestias normales por normales molestias. Sus pensamientos intrusivos la acompañaron como siempre y sus distracciones se mantuvieron ausentes. 
Charles Aznavour se escuchó un par de veces, suave como sus sábanas y tan triste como esa mirada que a veces le dicen que guarda en sus ojos.
Todo hablaba de una y otra noche más, una de esas de fácil insomnio y porfiado despertar. El frío en sus pies rememora a las piedras, y el palpitar de su corazón, evoca a su antiguo amor.
Así, sin más ni menos, y en un momento tan usual y corriente, sus pupilas se dilataron y encontraron su nombre. Después de sentir el desprecio de un espejo roto, sintió que un brillante adornaba su presente, señales de vida dio y ella sintió que de esa manera, nuevamente lo encontró.
Pasó uno o dos días más, el temblor de sus manos y su respirar agitado le volvieron a mostrar sus pasos, pero fue su misma cola de ardilla, quien lo asustó, y de asomarse pasó a, nuevamente, arrancarse.

Fue así, entonces, que la ternura de mis pensamientos se oscureció un poco, y la suavidad de mis sentimientos se diluyó en las huérfanas letras que me escribió.