miércoles, 5 de agosto de 2020

Día 4085


Y sin querer hacerlo, la pequeña ardilla encontró un baúl lleno de cartas, recuerdos e imágenes impresas (más allá de su memoria) de hace más de cuatromilochentaycinco días atrás. Temerosa y con vergüenza, al igual que aquellos invernales días del llamado PRiNCiPio, se acercó -cauta ella- tan despacio como pudo y leyó a escondidas algunas frases que nuevamente endulzaron a su famélico corazón. Sus ojitos brillaron tanto como las estrellas que acompañaron su primer encuentro, y un suspiro se le escapó como si se hubiera mantenido amarrado durante todo este tiempo.

Desde su ventana nada se ve, sólo sabe que el invierno ya casi ha pasado, y aún amanecen escarchados los sentimientos del dueño de sus sueños... inmóviles, impávidos y casi ausentes como sus palabras. 

La sumayresta parece infinita, pero sólo han pasado cientoveintedías hasta hoy. Ella dice que lo sabe, y que no por eso es que dejará de esperar a aquél que de ultratumba aparece cada tanto para acariciarle.